domingo, 8 de julio de 2012

Dia 7, segunda parte.

Después de comer nos pusimos a planear la tarde, la verdad es que la planeamos perfectamente. Primero al Miradouro da Penha da França, y segundo al parque Eduardo VII para ver un concierto. El caso es que después de recorrer media Lisboa en autobús y la otra media andando, después de preguntar a dos adorables abuelitas que nos indicaran el camino y su consecuente discusión porque no se aclaraban entre ellas dónde estaba, no encontramos el Miradouro ni cacas ni nada (bueno, esto último sí, por la calle). 
Pues con esto, nos fuimos en dirección al parque Eduardo VII para ver si llegábamos al concierto. Y como esta mañana no habíamos ido a la Feira de Ladra, y después nos habíamos quedado sin ver el Miradouro, lo del parque no podía ser menos. Así que llegamos allí y NADA, no había absolutamente nada salvo unos hombres escondidos tras unos árboles que nos tiraban besos, por lo que tuvimos que salir huyendo de allí. Así que nos bajamos la tan conocida por nosotras Avenida da Liberdade (porque otra cosa no, pero esa calle nos la sabemos de memoria) para llegar a casa y arreglarnos ya que después de casi una semana queríamos disfrutar de la noche lisboeta. Y así que fue. Pero eso nosotras no lo sabíamos. Vamos que ni se nos pasaba por la cabeza después de los últimos días que llevábamos.
Bueno, el caso es que todavía no conocemos mucho esta parte del día lisboeta pues nos fuimos a lo seguro. Nos fuimos derechitas al "Bali" ya que queríamos ver la cara del "mojitos" por si por algún casual de la vida nos reconocía. El caso es que cuando llegamos ya estaba cerrado así que nos metimos en el bar de al lado, que también conocíamos de la otra vez. Sólo os decimos una cosa, estuvimos bailando "La gasolina". Ahí queda eso.
Cuando cerraron nos vinimos a casa y entre unas cosas y otras nos dieron las 9.30 de la mañana, quién nos lo iba a decir a nosotras cuando salimos de casa. ¡Ándale, aquí hay tomate!

No hay comentarios:

Publicar un comentario