Toda la tarde. Toda la maldita tarde probando todos los números que aparecen en la etiqueta del rúter para averiguar cuál era la contraseña. Hartas de no saber qué hacer, nos hemos dirigido al supuesto salón, o en su caso, a la habitación del turco.
Hemos llamado, y luego hemos llamado dos veces más porque creemos que estaba dormido y no nos abría. Imaginaos la tensión que teníamos en nuestro cuerpo. Por las puertas del supuesto salón hemos visto como se ponía la camiseta y se dirigía a la puerta. En este momento el grado de tensión era el máximo. Abre la puerta y... OOOO DIOS MIO!!! amor a primera vista. Ay mi Turco. Es un turco de pura cepa porque el inglés lo maneja un poco mejor que yo, pero vamos tampoco como Elena. Nos ha dicho la contraseña, que no estaba en el rúter sino en el frigorífico, y que se iba mañana. En este momento he sentido como se me rompía el corazón, mañana no por Dios, mañana no!! Bueno, el caso es que ya con internet la cosa ha ido rápido. Nos hemos puesto a escribir las entradas del día 1 y se nos ha echado la tarde encima. Cuando nos hemos querido dar cuenta estábamos llamando a la puerta del Turco para que nos dijera donde podíamos comprar, y, una de dos, o no estaba o o ya desde tan temprano conocimiento pasaba de nuestras nalgas. Desoladas nos hemos tenido que bajar a hacer la compra, con las cosas típicas de hacer la compra: el móvil, las llaves, el dinero, las maletas de mano... pues eso, lo típico.
Bajamos, por el rocódromo, y salimos a la calle. Resulta que debajo de casa hay un bar, con una terraza que tiene una única mesa rodeada de sillas y hombres sentados en ellas, hombres que vigilaban todos nuestros movimientos.
Como el Turco no nos había hecho caso hemos tenido que recurrir al señor/chico/hombre de la tienda que esta debajo de casa, un negris adorable. Nos ha indicado perfectamente donde estaba el Pingo Doce, aunque luego hemos, bueno, ha tenido que preguntar Elena donde estaba concretamente, porqué yo seré muy poco viajera, pero eso de encontrarme el supermercado en la estación me parece medio raro.
Hemos hecho la compra, y lo más importante, hemos conseguido meter la compra en dos maletas de mano y una bolsa de plástico, y cuando volvíamos... un señor indigente estaba intentando entrar en nuestro portal, en nuestro portal que tiene la cerradura rota y no cierra. Nos hemos mirado raro y hemos decidido seguir andando. El negris adorable nos ha interceptado por el camino y nos ha estado contando cosas del barrio, le hemos dicho donde vivíamos y como veía que nos pasábamos de largo nos ha preguntado que si nos habíamos perdido o en su defecto si nos habíamos dejado las llaves, pero luego nos ha visto el miedo en la cara y nos ha invitado a pasar a su tienda, que por cierto, es la mar de bonita, con sus sardinas colgadas.
Bueno, hemos subido a casa y hemos vuelto a acosar al Turco, sé que esto no queda bonito, pero yo no tengo la culpa de que tenga esa cara. El Turco nos ha dicho en su "perfecto inglés" donde podíamos colocar las cosas, para ello ha desvalijado todo el frigorífico y no ha parado de repetir que se iba mañana (sufrimiento continuo). Hemos colocado nuestras cosas y como de la nada ha aparecido otra vez el Turco, pero esta vez sin acoso previo, y nos ha dicho las baldas que podíamos utilizar. Sí, nos las ha dicho pero ya está porque las baldas estaban llenas y llenas se han quedado, vamos, que tenemos toda la comida en la habitación.
Después de colocar la comida hemos estado tomando el fresco en el balcón-ventana y el Turquis nos ha saludado desde la calle, AMOR.
Le he intentado hacer una foto de estrangis pero el flasazo ha reflejado en la señal de tráfico y me he tenido que meter corriendo a la habitación, una pena.
Cuando estábamos en la habitación hemos oído la puerta y ruidos en la cocina, así que nos hemos visto obligadas a cambiar nuestros planes nocturnos e ir a cenar corriendo, cuando hemos llegado a la cocina nos hemos encontrado con la otra compañera, muy maja y muy guapa, pero no es el Turco, así que la cena no ha sido lo que esperábamos, en cuanto a compañía porque por lo demás, exceptuando el pan, ha estado muuuuy bien.
Después de cenar nos hemos duchado con chanclas y cuando he salido de la ducha veo, bueno no he visto he sentido su voz, a Elena mirando a través de la cerradura. Resulta que el Turco tenía visita (Sí, es nuestra obsesión del día), era su amigo francés (porque lo digo yo, no porque lo sepamos). Como eso de no saber que estaba pasando nos tenía de los nervios, hemos tenido que hacer turnos para rellenar las botellas de agua y así poder ver algo. La cosa es que en la siguiente "guardia de cerradura" he visto su camiseta de rayas de H&M y he sido "feliz".
Y con esto y un bizcocho hasta mañana a las 7.
Boa noite.
Um beijo.
Juan, tu mención especial. Pues si, el Turco te encantaría es muy tú, pero no porque sea muy tú sino porque tiene tu mismo tono de piel. :)
Diana, no mientas, el turco es muy yo porque los dos somos bellos y estás secretamente enamorada de mi, que veo como rellenas botellas de agua en la parcela para verme, que lo sé,y me encanta, pero saber que mi corazón lo tiene otra persona. Sí, hablo del Fonti.
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