viernes, 6 de julio de 2012

Dia 6. Segunda parte.

Pues sí, ya hemos borrado cosas de la lista, deberíamos haber borrado una más, pero al paso que vamos me da a mi que ya la borraremos...
El primer lugar que hemos borrado ha sido Capella do Paulo. Es una cafetería japonesa que tenemos al lado de casa, que es muy salá. Tenía un "menú ahorro" de chá verde y capella que, en las fotos, parecía estar muy bueno, así nosotras, ansiosas del chá hemos ido a hacer una visita.

Desde aquí, y con todo nuestro cariño, os vamos a hacer una recomendación. Si estáis pensando en importar chá verde desde Japón, no lo hagáis, os va a salir muy caro, y con que hirváis unas espinafres y os bebáis el agua el resultado es el mismo. ¡ Qué malo estaba! buag. Tenía un campo de chá en el culo y todo...


Sí, lo mejor es taparse la nariz y no pensarlo. La jodía japonesa, no se lo ha pedido, como se nota que sabe...
Bueno, después de nuestra decepción, hemos ido a Terreiro do Paço a coger el 28 para ir al Museu do Oriente. Hemos buscado la ruta en google maps, que a falta de amigos portugueses es el que nos hace todos los recorridos. Hemos apuntado todo menos la dirección a la que teníamos que ir al bajar del autobús. Pero bueno, la verdad es que ha sido fácil encontrarlo. Cuando hemos llegado nos hemos encontrado con el cierre echado. Por vuestro bien ojalá hubiera estado cerrado, porque ahora la vais a flipar con las miles de fotos. A sufrir se ha dicho.
Cuando hemos llegado, la chica, muy maja ella, nos ha dicho que era gratis, cosa que ya sabíamos, más que nada hemos ido por eso.






Inciso entre fotos: pues bien, estaba yo tranquilamente viendo las teteras, bien pegadita al cristal como a mi me gusta, cuando se me acerca un espectro, Elena, y me dice "me encant..." a la pobre mujer no le ha dado tiempo a decir más, porque del susto que me ha dado he pegado un salto, y por el camino un puñetazo al cristal, que casi fallezco allí mismo con todo el orientalismo del mundo. ¡ Qué susto shiqui, qué susto!
Ahora otras pocas fotos:







Creemos que con esto ya es suficiente. Solo añadir que los conductores de autobús de Lisboa son mucho más temerarios que los de Madrid.

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