lunes, 6 de agosto de 2012

Dia 20.

Esta mañana, al igual que ayer, mi viaje a la Faculdade ha sido muuuuy aburrido sin mi "tapete rolante". No me ha pasado, nada nada interesante, así que he tenido que ir concentrada en mis clases. Que por cierto, ya se están acabando. Qué pena me va a dar despedirme de mi profesor. A la vuelta, como tenía tiempo me he puesto a hacer los deberes, así que ya los tengo hechos para la próxima semana.
Tengo que decir, que hoy me ha pasado una cosa super rara y, que sepáis, no he tenido nada de miedo. Soy una campeona! Cuando estaba esperando el metro en Marqués de Pombal, he empezado a oler raro. He mirado alrededor y la gente no se daba cuenta, creo que debo tener los sentidos muy desarrollados. El caso es que de repente se ha empezado a llenar la estación de humo, y no sabíamos de donde venía. Un chico se puso a dar vueltas por la estación un poco nervioso, que yo me di cuenta, pero vamos, el ex-novio de Diana y su amigo, que estaban allí no se estaban enterando de nada. Seguro que estaban haciendo planes para irse a la playa, como todas las tardes. Bueno, yo he llamado a estas para despedirme por si me pasaba algo y decirlas que os quiero mucho a todos, pero no me cogían el teléfono. Así que nada me he montado con la esperanza de llegar a mi destino. Y sí, he llegado a Terreiro do Paço, y he tenido que esperar en la puerta de casa porque éstas tenían las llaves. Y ¿sabéis dónde estaban? Pues donde los sujetadores (que yo pensaba que era la plaza de los skateadores, pero ¡no!)
Bueno, el caso es que por fin, han llegado a casa, después de que yo ya me había puesto negra al sol de la puerta y hemos subido a comer en nuestro querido salón-terraza-vista panorámica de todas nuestras intimidades.
Después de comer, nos hemos echado la siesta, así de forma esporádica, porque la verdad es que no solemos hacerlo. Menos mal que teníamos el ventilador a tope de power porque si no nos habíamos achicharrado.
Cuando nos hemos despertado, hemos ido con toda nuestra ilusión a ver a nuestros nuevos vecinos, la mar de salados.

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