Empezamos el día con rencor.
Me levanté a las 5.30 de la mañana (repito, 5.30 de la mañana), me vestí, me mareé, me tumbé y salí de casa en dirección al metro para recoger a Lidia y a Judith. Media hora de viaje hasta la estación de oriente. Llego, miro las pantallas y veo que el tren acaba de llegar, satisfacción absoluta. Llamo a mi hermana, apagado, llamo a Lidia y me lo coge con una voz de dormida que la pobre no creo que pudiera ni abrir los ojos... "Lidia, ¿dónde estáis?" " en el tren", "¿no habéis bajado?", "uuuuy que va... ( y el tren en marcha...)". Bien, la siguiente parada era Santa Apolonia, esa estación que estaba a 10 minutos de casa. Así que si, rencor absoluto para ellas.
Cuando volví a casa, después de otra media hora de viaje, me las encuentro al par de dos felizmente en la estación. Llegamos a casa dejamos las cosas y nos fuimos a dar un paseo por Lisboa, un paseo de iniciación a las cuestas lisboetas. Al llegar a casa comimos, y nos echamos la siestas. Después de la siesta llegó el temido momento de buscar el hostal.
Menos mal que teníamos indicaciones, sino hubiéramos tardado como una hora u hora y media en encontrarlo. JA!! seguimos las indicaciones, que estaban en inglés (en luto inglés), al revés. Subimos y bajamos unos tres veces la misma calle, cuando encontramos la calle que era nos dieron las siete cosas. Una calle llena de escalones en cuesta, y luego otras dos calle poco más o menos. La verdad es que el hostal era bonito, pero si hubieran ido solas me habría gustado más.
Por la noche salimos a un sitio nuevo, no no, es broma, fuimos al Bali como siempre y Lidia vio a Alex a las drums, Salvador, Bahia, Brasil. Y fue feliz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario